Bien pudo el tiempo rápido cebarse en la gracia y primor de su hermosura, para que cual si fuese llama impura pueda el fuego de amor en mí acabarse;
Bien pudo en fin la suerte vacilante, que eleva, abate, ensalza y atropella, alzarme o abatirme en un instante;
Que al mundo, al tiempo y a mi varias estrellas, más fino cada vez y mas constante, les diré: "Tamara es mía y yo soy de Ella".
Autor: A.F.A.C.
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